PUENTE DE HIERRO.

Autor: Miguel Mena,

Ed: Pregunta.             Ed: Año 2022.

 

“La ciudad que había sido luz se convirtió entonces en una esquela.”

 

Miguel Mena es una persona muy conocida no sólo en Zaragoza sino en todo Aragón. No en vano su prestigioso programa en la cadena SER “A vivir Aragón” siempre hacía un periplo radiofónico por todo el territorio aragonés, dando a conocer las excelencias de la tierra que ese día le había tocado visitar. Hoy día, está felizmente jubilado lo que le permite una mayor entrega a su familia y a sus actividades favoritas (bicicleta, senderismo, literatura, etc.). Aunque nació en Madrid, en el año 1959, en 1983 ya estaba perfectamente instalado en Aragón, en su capital. Hoy día es impensable verle como un madrileño porque su compromiso con esta tierra, llena de contrastes, ha sido mucho más elevado que el de muchos aragoneses de nacimiento.

Allá por los años 90, a mediados, tuve la gran suerte de conocerle al ser entrevistado por él a resultas de una edición de FITUR. No recuerdo el año ni me importa. Lo que sí me importa es que no fue la última entrevista porque le siguieron muchas más y se fue forjando una amistad de las que yo llamo de “mediana intensidad”. Pero, a fecha de hoy, ha desembocado en una relación amical manifiesta.

Con respecto a su última novela “PUENTE DE HIERRO” corresponde a lo que yo denomino una “novela generacional” (verbigracia: “El corazón helado” de Almudena Grandes). A pesar del dramatismo de ciertas historias, siempre tienen una serie de tintes entrañables. A través de una familia, con sus consiguientes generaciones, el autor nos irá desgranando una trama cotidiana, tal sólo rota por diversos acontecimientos de especial relevancia.

La línea cronológica es uniforme: parte de cero en los años sesenta (año de nacimiento de la protagonista y narradora (Carmen) y termina prácticamente en la inmediata actualidad. He de reconocer que a todos los que hemos llevado el mismo recorrido de vida que Carmen, nos invade una especie de nostalgia saludable porque ¿quién de esa generación no ha vivido y conocido, en mayor o menor medida, los acontecimientos que se narran en esta novela?

Así, gracias a la trama urdida por Miguel Mena, redescubrimos pasajes de nuestra vida que ya teníamos almacenados en lo más recóndito de nuestra mente:

El pasaje que dedica a la “mili” está tan bien reflejado que puede parecer ficción, pero fue así, yo lo viví tal cual lo narra.

Hace hincapié en el eterno problema de lo viejo o lo antiguo. En pleno desarrollo de las ciudades adineradas, se podían permitir derribar todo aquello que oliese a viejo; el concepto de antiguo no existía. Así, por el contrario, en los pueblos de nuestro Alto Pirineo que nos parecen tan bellos porque conservan todo su legado histórico arquitectónico, es fruto de su pobreza. No daba entonces para meter la piqueta y ni para ejecutar un desarrollismo salvaje. Un buen ejemplo lo tenemos en Jaca: su riqueza le permitió para su desarrollo urbanístico derribar y dinamitar sus murallas medievales no sin la presencia de una banda de música que amenizara semejante dislate.

Es entrañable el pasaje donde da a conocer a aquel profesor “raro” que daba clases de Historia; se refiere a José Antonio Labordeta. Eran los tiempos en los que alternaba la enseñanza con la canción protesta.

Mena nos dará un paseo por el recuerdo y nos refrescará ese pasado con la muerte de Franco, las primeras elecciones democráticas, con hechos lamentables como el famoso y desgraciado incendio del hotel Corona de Aragón, el atentado de la casa cuartel de la Guardia Civil, el terrible incendio de la discoteca Flying, la problemática tan patente durante años que fue el famoso trasvase del Ebro, la llegada de la General Motors, las cadenas humanas en protesta por la base aérea americana y hasta las cosas tan nimias pero tan entrañables como nuestros primeros cigarrillos envueltos en nuestras primeras ingestas de alcohol.

En definitiva, es un libro de lectura fluida que nos transportará a ese pasado que, aunque algunas veces lleno de dramas, no dejará de ser entrañable. Les recomiendo que crucen el Puente de Hierro y que disfruten con estas historias de la mano de Miguel Mena.

 

 

 

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