LA CALLE AMARILLA.

Autora: Veza Canetti.

Traducción del alemán de HelgaPawlowsky.

Ilustración de portada: Antonio Santos.

Ed: Xordica                Ed: Año 2022.

 

Gracias a Raúl Usón, director y propietario de la editorial Xordica, han llegado a mi biblioteca varios libros muy interesantes escritos por autores de la Europa central y del Este, a mediados del siglo pasado: “Anna, la dulce” y “Alondra” de Dezsö Kosztolányi, “El incendiario” de Egon Hostovský y, por último, la novela a la que dedicaremos esta reseña: “La calle Amarilla” de Veza Canetti.

Veza Canetti nació en Viena en el año 1897 y falleció (se suicidó) en Londres en el año 1963. Su verdadero nombre fue Venetiana Taubner-Calderón. En su juventud y, tras sufrir la Primera Guerra Mundial, impartió clases de inglés. En 1934 se casó con el Premio Novel de Literatura (1981) Elías Canetti. De éste podremos leer el entrañable prólogo que escribió para “La calle Amarilla”. Tanto esta obra de Veza como la de “Las Tortugas” se publicaron de forma póstuma en los años noventa, es decir, más de treinta años después de su muerte.

Sus escritos, siempre iban dirigidos a las clases marginales, a los oprimidos y a los opresores. A las mujeres víctimas de matrimonios no consentidos y a aquellas mujeres, pobres de solemnidad, a las que no les quedaba otro remedio que servir a otras de estatus social elevado. Retrata, con una maestría indudable a todos sus personajes, haciendo muy creíble la trama de sus relatos; quizás por su espíritu ciertamente melancólico. Tan solo, cuando tocaba temas referidos a los españoles (tenía cierta debilidad por ellos) se libraba de las pequeñas tragedias y amortiguaba su estilo ciertamente dramático.

Tengo la certeza de que al estar casada con Elías Canetti recibiría en ciertos momentos sabios consejos, pero este hecho no le resta a Veza ni un ápice su sabiduría literaria ni su maestría a la hora de escribir.

Esta novela contiene cinco relatos ambientados en el barrio vienés de Leopoldstadt, en concreto en la calle Amarilla. Aunque estos relatos son relativamente independientes en su argumento, están interrelacionados con personajes, negocios y paisajes urbanos. Y todos tienen como escenario la famosa calle Amarilla. En uno de los relatos, por ejemplo, un personaje puede ser breve y secundario y en otro ser el protagonista (verbigracia, la propietaria de una agencia de sirvientas).

Los argumentos de todos y cada uno de ellos son magníficos y sorprendentes, siempre acompañados de esa niebla melancólica tan característica de la autora. Pero siento la misma sensación que tuve con la novela de Patricia de Blas (Sostika): a pesar del mundo sórdido y rodeado de pobreza, lo narra de una manera tan deliciosa que dulcifica tanta desgracia.

Es una novela excelente, brillante y escrita con una maestría indudable. Junto a las otras tres que he nombrado en la introducción, hacen una colección maravillosa a nivel literario y que yo considero muy recomendable.

 

 

 

 

 

 

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