DEBACLE EN NAGORAGORANA.
Autor: Francisco Javier
Aguirre.
Ed: Muñoz Moya. Ed: 1ª;
año 2022.
“Cuando eres un mindundi,
como yo, has de utilizar un estilo pomposo y altisonante, incluso
grandilocuente, para que tu voz se oiga más allá de metro y medio”.
Francisco Javier Aguirre, riojano, hoy felizmente jubilado, perteneció a
los Cuerpos estatales de Archiveros y Bibliotecarios. En su destino madrileño trabajó
en la Biblioteca de la Universidad Complutense y también fue director-gerente
de Ediciones Albia (grupo Espasa-Calpe).
Posteriormente, fue director de la Biblioteca
Pública del Estado, así como del Archivo Histórico Provincial en Teruel, donde
más adelante fue nombrado director provincial de Cultura y Educación durante la
primera legislatura autonómica (1983-1987). En su última etapa, fue jefe del
Servicio de Archivos, Bibliotecas y Museos del Gobierno de Aragón, ya en
Zaragoza.
Sobre “Debacle en Nagoragorana” el autor nos advierte en sus primeras
letras que cualquier parecido con la realidad es una simple coincidencia, una
mera casualidad. Lo cual no es siempre inevitable. Y, cuando un autor se
aventura a darnos esta sabia conseja, considero que es saludable abordar su
lectura no sin cierta tembladera.
Este último libro de Aguirre es, desde la ortodoxia, un libro extraño.
Pero desde el surrealismo y la componenda satírica es un libro muy curioso e
interesante. En todo momento se producen dos hechos relevantes en su lectura:
el argumento y la estructura de la trama discurre siempre bordeando la
literatura surreal y no en pocas ocasiones la traspasa, como les acabo de
decir, más allá de los cánones establecidos por la ortodoxia.
La línea argumental se centra en un territorio imaginario conocido como
Nagoragorana. Tras los pronósticos del fin del mundo de Newton y de Alexandre
Deulofeu, el pariente Mijail solicita a nuestro narrador el poder visitar la
tierra de sus ancestros antes de la gran debacle. Es contestado por éste
haciéndole saber de la crisis que amenaza el territorio: conflictos entre
partidos rivales (el de la Higuera y el del Guindo), la desertización
inexorable, la indolencia administrativa y la despoblación del medio rural.
Nunca les podré asegurar que esta publicación satisfaga al lector,
aunque a mí particularmente sí; posiblemente porque ese recóndito oscuro rincón
y calenturiento de mi mente se empeña, una y otra vez, en reconocer situaciones
trasvasistas, ciudades muy nobles, leales y siempre augustas y personajes de claro perfil político. Pero lo
que sí tengo meridianamente claro es que Aguirre ha sido el que más ha
disfrutado, con creces, escribiéndola.
Advierto a los seguidores de este autor, del Aguirre lírico de los
excelentes cuentos y leyendas del Matarraña, que es un escrito radicalmente
distinto, muy distinto.
A modo de pequeño paréntesis les traslado otro breve párrafo de la
novela:
“Por eso la vía reptil le
cuadra tanto, por eso aplauden sin voz su ausencia pública las sabandijas de
cansino despertar y los lagartos de gargoleo lento mientras recalientan sus
papilas invernales.”
En definitiva, Javier
vuelca toda su portentosa imaginación, así como su fluida y eficaz narrativa en este libro. No faltará ese humor
socarrón e inteligente al que nos tiene acostumbrados y que subyace en el
transcurso de toda su lectura.
P. S. – He tenido el inmenso placer de colaborar en esta publicación con
la fotografía de la portada cuyo título es “La mano de Dios”.

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