UN SECRETO Y OTROS CUENTOS.
Autor: Severiano Pallaruelo.
Ed: Xordica. Ed:
año 2022.
“Aquí, en estas montañas
ásperas donde todo es abrupto, duro, descarnado e hiriente, los amores, si iban
bien, eran historias anodinas de carencias compartidas con fatalismo”
Severino Pallaruelo
(1954) es natural del pueblecito oscense de Puyarruego, localizado en el profundo valle pirenaico de
Añisclo. Como profesión ejerció de profesor del Instituto de Sabiñánigo. Actualmente es conocido a
nivel nacional y, especialmente en nuestra tierra aragonesa, como escritor,
geógrafo, historiador y etnólogo. Como el azar quiso que naciese en aquel
recóndito y precioso valle de los Pirineos aragoneses enseguida comenzó a
interesarse por la vida cotidiana, por las costumbres y, en definitiva, por la
etnografía del lugar. Estos conocimientos exhaustivos sobre aquella dura vida
rural en aquellos pagos le condujo a plasmarlos en el papel.
Por tanto, escribirá sobre ritos ancestrales, mitos y tradiciones del Pirineo en el alto Aragón. No olvidó
tampoco recoger aquellos cuentos tradicionales que tanto podían aportar al
conocimiento de aquella tierra. También dedicó escritos sobre los viejos
oficios tradicionales tales como “Los pastores del Pirineo”, “Las navatas” y
“Los molinos del Alto Aragón. Este tipo de publicaciones debían, para estar
completas, apoyarse en ilustraciones y fotografías. Por ello Severino también
se dedicó a la fotografía, creciendo también su renombre en esta disciplina.
En el año 2010, recibió el premio literatura del
Salón del Libro Pirenaico de Bagnères-de-Bigorre por su
obra “Tristes montes”. El libro que hoy nos compete nació paralelo
al anterior, aunque durmió hasta hoy, para nacer treinta años después.
“Un secreto y otros cuentos” está conformado por
15 magníficas narraciones breves y que la mayoría de ellas girarán en torno a
la ruda vida en los valles y montes pirenaicos. Vidas atadas al trabajo de sol
a sol para alcanzar poco más que la miseria. Entonces, cuando los escribió, el
autor ya fue testigo de las primeras emigraciones del campo a la ciudad. Los
valles se irían vaciando inexorablemente. Posiblemente, las aldeas del Pirineo
fueron las primeras en transformar su quehacer diario y su vida en pueblos
fantasmas. Siempre que me acerco al bellísimo valle jacetano de la Garcipollera
lloro por los despoblados de Larrosa, Acín, Yosa y Bescós. Todos ellos siluetas
fantasmales devorados, hoy día, por la maleza.
El autor narra, con una precisión asombrosa, la
dura vida en aquellos poblados, que se resumía en los sacrificados trabajos de
la tierra y de la ganadería. Muchas veces, para proveerse de lo más elemental
para subsistir, tenían que hacer varios kilómetros en los que invertían entre
dos y tres horas para ir a la localidad más cercana provista de tienda de
alimentación.
A pesar de la situación dramática de estos
cuentos, siempre encontramos un poso entrañable que nos trasporta a aquellas
vidas discretas, anónimas y humildes, muy alejadas del becerro de oro que hoy
adoramos, día a día.
Pallaruelo y nos dibuja, con una capacidad
descriptiva admirable, ese Pirineo profundo y recóndito, ese Pirineo duro,
correoso y traidor. No falta, como ya he dicho anteriormente, esa descripción
de las aldeas agonizantes, así como la idiosincrasia de sus moradores.
Destaca la precisión con que Severino nos da a
conocer esas aldeas, sus costumbres, sus valles y trochas, sus trabajos
agrícolas y la conformación anárquica de sus aldeas.

Comentarios
Publicar un comentario