SILENCIOS.
Autora: Tillie Olsen.
Ed: Las Afueras. Ed: 2022.
Traducido por Blanca
Gago.
La escritora aragonesa
Irene Vallejo en uno de sus posts recomendaba este pequeño libro. Normalmente
nunca me han defraudado las recomendaciones de esta autora.
El libro principia con un
prólogo magnífico y extenso de la escritora Marta Sanz. En él nos da una idea
exacta de lo que nos vamos a enfrentar, unas páginas más allá.
Tillie Olsen (EEUU,
1912-2007) tuvo que abandonar tempranamente sus estudios para ponerse a
trabajar y así apoyar la economía familiar. Era una alumna brillante. Su
primera incursión en la literatura la hizo con “Yonnondio: From the Thirties”
que está basada en la vida, peripecias y privaciones de una familia obrera en
tiempos de la Gran Depresión. Esta obra no deja de tener una parte muy
importante de argumento autobiográfico.
Una vez casada, en el
peligroso periodo de persecuciones del Macartismo, sufrió junto a su marido una
etapa de dificultades económicas y persecuciones (Olsen siempre había militado
en el comunismo americano) hasta que una beca universitaria le permitió dedicar
el tiempo suficiente para escribir sin trabas ni interrupciones. Así aparece su
primera publicación basada en una serie de relatos: “Dime una adivinanza” (año
1961). Su feminismo militante en general y con las escritoras en particular le
conduce a publicar este libro: “Silencios”, un excelente ensayo donde pone de
manifiesto la invisibilización de las mujeres escritoras y también de los
hombres de baja escala social o marcados por el color de su piel.
Ya en el prólogo Marta
Sanz da a conocer el famoso alegato, fruto de una conferencia que impartirá
Olsen de: “Una de doce”. O lo que es lo mismo: De doce escritores, tan sólo una será mujer.
Este libro “Silencios” está compuesto por dos
conferencias que en su día impartió Tillie Olsen: “Silencios” (1962) y “Una de
doce: mujeres y escritoras en el siglo veinte” (1971). Está escrito con un
estilo desenfadado, potente, limpio y exento de cobardía. No es una obra en
contra del machismo, no; de hecho defenderá a aquellos hombres que han sido
marginados por su baja clase social, por la pobreza o por el color de su piel
(recordemos que Tillie es estadounidense). Pero si abogará en favor de una igualdad
de las mujeres en todos los ámbitos sociales y en especial en el mundo de la
literatura.
En la primera parte la
autora nos ilustra sobre el tema que va a tratar: “Este libro versa sobre esa
clase de silencios, vinculados a las circunstancias de la creación literaria
-lo cual incluye aspectos como la clase, el color, el sexo, la época o el medio
a los que pertenecemos por nacimiento- “
Conforme Olsen va
desarrollando el tema, nos habla de varios autores de éxito y de sus silencios:
Thomas Hardy, Gerard Manley, Hopkins, Rimbaud, Herman Melville…Todos ellos han
sido silencios prolongados durante largos años.
Otro tipo de silencios
-continua la autora- son los de censura, es decir, aquellos que son
cuestionados o eliminados por editores o por la moral religiosa o cuestiones
políticas. Y puede darse el caso que sea el mismo autor el que se autocensure.
Otro silencio es el que
surge de la ausencia de creatividad. Los silencios de pleno, aquellos
que surgen antes de culminar una sola obra y que, lógicamente, pasan
desapercibidos. Son los de las autoras y autores que publican ya bien entrados en
años.
Por último, aparecerán aquellos
silencios que son totalmente ajenos a la escritura: analfabetos, escasa
formación, etc…
Olsen, tras este análisis
pasa a hablarnos de las posibilidades que existen en literatura según seas
hombre o mujer. Siempre estarán decantadas hacia lo masculino por su mayor
tiempo para dedicarse al proceso creativo. Las mujeres, nos guste o no, aparte
de un trabajo remunerado que apoye a la economía familiar, crían a los hijos,
hacen las faenas de la casa, salen a la compra, cocinan, etc. Una situación
bastante en contra del proceso creativo. Hay escasas excepciones como son las
de las mujeres adineradas que pueden permitirse un catálogo de sirvientes,
además de las viudas y solteras. Es lamentable reconocer que, tras la Gran
Guerra, ante la aparición de viudas y la profusión de solteras (no había
hombres jóvenes; habían sido diezmados en la batalla) se produjo un aumento del
proceso creativo femenino.
Un ejemplo, aunque sea
verdaderamente demencial: Rilke, en pleno proceso creativo, alababa la
invisibilidad de su esposa e incluso no fue a la boda de su hija y hasta le
prohibió que, tras este feliz evento, acudiese a la casa familiar a saludarlo.
En la segunda parte: “Una
de doce. Mujeres escritoras en el siglo XX”, la autora seguirá insistiendo en
esas diferencias devastadoras de las mujeres ante los hombres. Hará un cálculo
según publicaciones, conferencias, listas de ventas para llegar a la terrible conclusión
de que de cada doce escritores tan sólo una es mujer: un 8% frente a un
masculino 92%.
Termino esta sinopsis con
una frase demencial y mezquina del escritor Norman Mayler: “lo único que un
escritor debe tener son huevos”. ¡Lamentable!
.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario