MEMORIA DE CHICA.
Autora; Annie Ernaux.
Traducción de Lydia Vázquez Jiménez.
Ed: Cabaret Voltaire. Ed:
2ª, año 2022.
Annie Ernaux (Lillebone,
Normandía, Francia; año 1940) es la última ganadora del Premio Nobel de
Literatura, edición 2022. La justificación, por parte del comité, de la
obtención de este prestigioso galardón es: “por la valentía y la precisión clínica con la que desvela las
raíces, los extrañamientos y las trabas colectivas a la memoria personal.”
Cursó estudios universitarios de literatura y ha dedicado toda su vida a
su mayor pasión: la enseñanza; sobre todo como profesora de letras modernas. Ha
sido una escritora ciertamente galardonada en toda su carrera literaria y que
culmina con este máximo galardón al que puede aspirar un escritor. Toda su obra
tiene un poso autobiográfico innegable e intimista. Destacaría, entre sus
obras, “La mujer helada” (1981), “Una mujer” (1987), “Perderse” (2001) y
“Memorias de una Chica” (2016), que es la novela que hoy nos ocupa. Hoy, a sus 82
años, reside en las afueras de París.
Tal y como he apuntado, “Memoria de una chica” es una de sus novelas con
un tinte ciertamente autobiográfico y una de sus obras más representativas.
Está llena de reflexiones que nos harán reflexionar. La autora se apoyará
también en citas muy interesantes y pulcramente elegidas (André Guide,
Alexandre Dumas hijo, Pierre Loizeau…) y que pondrá en boca de la protagonista
(que no deja de ser ella misma).
Tras leer unas páginas nos percatamos de la maestría y de la vasta
cultura de nuestra autora. Ya, desde muy joven, había sido una gran lectora. ¡Y
se nota! Y esto nos conduce a una prosa muy concentrada, elevada y de la que no
será fácil su lectura.
En un principio Ernaux se preguntará por el “otro”, por la esencia del
“otro” (aunque en este caso será de la “otra”). En el proceso narrativo irá
saltando la línea cronológica alternativamente entre los hechos acaecidos en
1958 y la actualidad.
Annie Duchesne, la protagonista, nos narrará su primera experiencia amorosa
en aquel verano de 1958. Pero lo que para ella era amor, para el hombre al que
conoció en un campamento de verano, como monitor, fue un par de noches de sexo.
Ella perdió la virginidad y conoció algo deseado por desconocido: estar y ver a
un hombre en su más absoluta desnudez.
La Annie Ernaux, pasados los años, en la actualidad, rememora aquellos
dos años y se percata que ahora es otra, la de entonces es ya una perfecta
desconocida, pero no podrá romper el hilo de creer que aquel fue su primer
amor.

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