LEER PARA CONTARLO.
José Luis Melero Rivas.
(Xordica, año 2015)
Leer a Pepe Melero es siempre pensar en disfrutar,
con su verbo fluido y socarrón y por descontado, con la temática de la
publicación. Nada más abrir un libro de éste, ya estoy atento a su
primera anécdota.
“Leer para contarlo” forma parte de esa colección
que se ha ido gestando, sin querer. Esa colección a la que yo denomino de
manera ortodoxa “libros que hablan de libros” o de una manera más coloquial
“Universo Melerético”.
En este libro encontramos un gran apartado muy
importante ya que trata además de libros, de librerías de viejo y de libreros;
todo un submundo mágico y apasionante.
Pepe nos irá narrando sus pesquisas por librerías
especializadas de toda España, así como los fenotipos y caracteres de sus
dueños. También nos hará saber que magníficos ejemplares caen en el macuto,
tras las muchas veces accidentadas cacerías.
Pero no solo en el paraíso se encuentran ángeles,
también los hay en el purgatorio de los rastros, entre mesillas, percheros y
cuadros indefinidos de dudoso valor.
Por último nos hará saber las vicisitudes para la
compra de una biblioteca particular.
Como veremos, tal y como nos cuenta el autor, en
el año 2001 era una gesta heroica comprar libros viejos. Hoy día con internet y
cientos de páginas dedicadas a estos menesteres, te puedes dar el lujo de
comprarlos hasta en pijama.
Pepe dice que no hay mayor placer que leer un
libro y luego escribir sobre él (algo parecido me pasa a mí con estos post
librescos).
Volvemos a disfrutar con su lectura, muy entretenida
e ilustrativa, amén de esbozar más de una sonrisa con las anécdotas que narra.
Solo reflejaré una: fue llamado por una viuda para que le comprase la
biblioteca de su marido. En ella había varios volúmenes de “El año Cristiano”
de los que Pepe le dijo que no le interesaban. Por no hacer un feo a la señora
ante su insistencia (decía que eran los preferidos de su marido) los compró y,
a su vez, se los pasó a un librero amigo. Éste último, al examinar
detenidamente los volúmenes, vio que en las guardas había algo. Cuál fue su
sorpresa que aparecieron, camufladas en ellas, revistas pornográficas de los
siglos XIX y XX de un gran valor, lógicamente.
En definitiva, una vez más estamos ante un libro
de libros magnifico y con un sinfín de datos interesantes.
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