LAS FRÍAS NOCHES DE LA INFANCIA.

Autora: Tezer Özlü.

Ed: Errata Naturae.                Ed: 2022.

 

“Todo el mundo puede vivir sin los demás. Nuestra relación ha terminado. Incluso las primeras noches, parecía que, después de hacer el amor, lo que me quedara entre los brazos fuera un cadáver.”

 

El conocimiento de esta dura y correosa novela me llega a través de un “post” de la exitosa escritora Irene Vallejo. Pero antes de entrar de lleno en el análisis de esta obra, es necesario conocer, aunque sea de manera muy somera, la vida de Tezer Özlü ya que la trama argumental tiene íntima relación con su azarosa vida, sin llegar a ser una autobiografía propiamente dicha.

La autora nació en un pueblecito de Turquía en el año 1946. A los diez años se trasladó con toda su familia a la capital, Estambul, y esto será una consecuencia traumática para ella. Este hecho le conduce a refugiarse en la lectura a muy temprana edad (Dostoievski, Chejov, Tolstoi, Zola, Camus, Goethe o Rilke). Entre 1967 y 1972 será carne de psiquiátrico debido a unos desórdenes mentales tipificados como psicosis maniaco-depresiva y que le acompañarán hasta el final de sus días. Cerrará sus ojos y al final descansará en el año 1986, a consecuencia de un cáncer de mama.

La obra es ciertamente dura y en la que narra su infancia en el pueblo, su posterior paso por la capital y, desgraciadamente, su lucha contra su enfermedad mental. La descripción que hace de la dudosa terapia de las electro-convulsiones es verdaderamente dramática. Un instrumento terapéutico al que, como médico, siempre he considerado inútil salvo la vil utilización que hacían del electroshock como medio de castigo.

A pesar de la rudeza de este libro, es una obra admirable e imprescindible y que invito a leerla. Está dividida en tres capítulos: “la casa” en el que nos mostrará su dura infancia, que recuerda siempre acompañada de un frío insoportable y que dará título a esta obra. El segundo capítulo, bajo el título “el concierto de Leo Ferré”, nos conducirá por el camino del amor y el desamor, del sexo y, sobre todo, de su vida como enferma psiquiátrica. Por último, en el tercer capítulo titulado “Mediterráneo” la autora nos acompañará a conocer una visión melancólica y detallada de las costas mediterráneas turcas, de sus pueblecitos, de sus bosques, de ese cielo azul del amanecer y rojo del atardecer.

En el transcurso de la lectura aflorará un sentimiento opresivo, casi asfixiante, alimentado por frases cortas y reflexivas. Contribuirá a este sentimiento el uso reiterado del “punto y seguido” que llega a conducir al lector a una situación casi estresante:

“El flujo natural de la vida se acelera. El flujo de mis pensamientos se acelera. Él está en París,. Todo es mejor sin él. Volverá.”

Özlü relata, con verdadero dramatismo, el submundo opresivo y durísimo de los psiquiátricos. Y hace hincapié en ese sin sentido tratamiento del electroshock al que ella se entrega con resignación, sabiendo que el proceso es inexorable.

En definitiva, estamos ante una lectura verdaderamente dramática, escrita con una calidad admirable. Un texto impecable. Y una historia que contar rodeada de sinsabores.

 

 

 

 

 

 

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