EL PEATÓN SENTIMENTAL.

Autor: Julio José Ordovás.

Ilustración de cubierta: Saúl Irigaray.

Ed: Xordica.               Ed: Año 2022.

 

El pasado 23 de abril, me di un paseo, bajo la lluvia, por la Feria del Libro de Zaragoza y, entre otras adquisiciones y regalos, apareció en mis manos “El peatón sentimental” de Julio José Ordovás. Ya tenía un vago conocimiento de la existencia de esta publicación pero, tras las recomendaciones de Pepe Melero y de Raúl Usón, el libro se vino a Calatayud conmigo. Además, está editado por la editorial aragonesa Xordica, es decir, sinónimo de calidad de continente y de contenido.

“Llegado el mediodía, la piel de Zaragoza brilla con voluptuosidad y callejear sin prisa y sin rumbo por ella es lo más parecido a reconocer con las yemas de los dedos las cicatrices de un cuerpo amado”.

El libro está dividido en dos partes: “Paseos y extravíos” y “Fantasmas y otras apariciones”. Entre las dos reúnen 45 breves relatos.

En este caso, Zaragoza es la ciudad elegida para desarrollar estos relatos pero, tras leer esta publicación, bien podía ser otra ciudad, con otras calles, otras plazas, otros puentes y la sombra de otros árboles. Eso sí, los sentimientos y reflexiones del autor seguirían siendo los mismos.

Lo primero que me llama la atención es la prosa limpia, elevada y traslúcida que maneja Juan José, así como giros expresivos totalmente sorprendentes.

Se apoyará en las impresiones que le transmite la ciudad y no dejará al margen sus arrabales; esos espacios agónicos en los que en un pasado pretérito también fueron urbe.

Ordovás nos hablará de las impresiones que le produce la piel de la ciudad, esa epidermis compuesta de salitre y ladrillo mudéjar. También de los sentimientos que afloran, en sus paseos, al percibir un olor característico, un sonido inconfundible o las tenues luces de muchas de las calles y plazas.

Pero no solo se detendrá a observar una ciudad inmóvil; también analizará esa ciudad en movimiento con sus distintas tribus urbanas, desde la cajera del Mercadona que desciende del autobús con prisa al notario encopetado, armado con su impecable maletín, camino del despacho.

Uno de los relatos, bajo el título de “Niebla”, me ha conmovido. Habla de los sentimientos que le produce una fotografía captada por José Antonio Duce, a las orillas del Ebro, en los años cincuenta del pasado siglo. La breve trama es, a todas luces, inquietante.

Me llama la atención, por la realidad de lo que aquí se cuenta, el relato “Bipolar”. Dice que Zaragoza es una ciudad bipolar; que se mantienen en perfecto equilibrio el espíritu beato mariano-pilarista con el frenesí nocturno de la ciudad. Algo muy común en la España de principios del siglo pasado.

Otro relato, verdaderamente entrañable, aflora de una imagen también de los años cincuenta y en este caso, captada por el fotógrafo francés J.P. Margnac. Una vendedora de cupones de ciegos a la que el autor da vida y sentimientos, aquella joven que transmite su mirada a través de su sonrisa.

Pasear por sus calles -dice el autor- es recordar momentos entrañables, amigos de la infancia porque, antes se vivía en la calle, ahora solo se transita.

Ordovás narra, en definitiva, las vivencias y los sentimientos que la ciudad le proporciona. Los recuerdos de sus plazas, de sus calles, de sus edificios…

” Y es que para saber de una ciudad, para leerla y aprenderla, hay que perderse en ella como los niños de los cuentos se pierden en los bosques”.

 

Pd. - El autor tuvo la infinita amabilidad de acercarse al puesto para dedicarme el libro. Lástima que fuéramos prisioneros de las prisas.

 

 

 

 

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