CORONA DE SANGRE.

Autor: José Luis Corral Lafuente.

Ed: ediciones B.    Ed: 2022

“Los nobles son egoístas y traidores, y cuanta más alta es su cuna, mayor suele ser su bajeza.”

A estas alturas poco nuevo podemos decir de la figura de José Luis Corral. Sus novelas históricas son conocidas y leídas en todo el territorio nacional (y algunas de ellas, como “El Cid” han traspasado fronteras. Ésta fue traducida a once idiomas).
Lo que me sorprende de José Luis es su inmensa capacidad de trabajo. Compagina la escritura con su cátedra de historia medieval y con no pocas presentaciones por toda la nación, amén de jornadas dedicadas a la novela histórica. Junto a Posteguillo y Calvo Poyato, forman un triunvirato de lo mejor en este estilo novelístico; de hecho, no son pocas las “Jornadas de Novela Histórica” que mantienen por todo el territorio nacional. Es muy posible que en el próximo año 2023 Calatayud tenga sus propias jornadas.

“Corona de Sangre” es la segunda novela de la bilogía que abarca gran parte del reinado de Castilla y León durante el siglo XIV. Siglo muy convulso y no menos sanguinario de la España medieval.

Si en la primera novela de esta bilogía pudimos conocer la vida del rey castellano Alfonso Onceno, en esta segunda conoceremos la de su sucesor en el trono de Castilla y León: Pedro I, apodado el “Cruel” (aunque también, apoyados en un eufemismo, algunos se atrevieron a llamarlo como a su padre: “El Justiciero”).

En “Corona de Sangre” nos perderemos en la cantidad de intrigas, deslealtades, traiciones, felonías, asesinatos y derramamientos de sangre que se produjeron en este reinado. Las páginas de esta novela están llenas de sangre. Y toda gira alrededor de nuestro psicótico protagonista Pedro I.

Este rey dejaba mucho que desear en cuanto equilibrio psicológico se refiere. Su carácter psicótico y sus rasgos esquizoides le llevaron a crear las mayores tropelías y los asesinatos más abyectos dentro y fuera de su reino. Tan pronto reía y afloraba la alegría como, a los pocos minutos, se llenaba de enfado y de ira incontrolada.

Y con este carácter tan voluble y peligroso gobernó el reino hasta su muerte. Asesinó a esposas y amantes, incluso no lo hizo limpia y rápidamente, sino que ordenaba a sus verdugos que les dieran muerte lentamente y con sufrimiento. Tanto es así que, en una ocasión, mientras yacía con la esposa de Juan de la Cerda, a éste lo estaban ajusticiando a mazazos por orden suya. El empleo de la maza era uno de los métodos de asesinato y sufrimiento que más le gustaba aplicar. El reo no moría rápidamente y, cuando lo hacía, era a causa de múltiples lesiones, huesos quebrados y cráneo hundido.

A doña Urraca Osorio, que poco o nada tuvo que ver en las conspiraciones contra el rey, mandó ajusticiarla mediante una tortura muy lenta en la que el sufrimiento era impensable: la desolló viva, pero muy lentamente, para que fuese consciente de su horrible dolor. Entre aplicación y aplicación de la terrible tortura era violada reiteradamente por sus verdugos.

Cuando no estaba maquinando asesinatos, estaba o guerreando o copulando. Como posiblemente diría el profesor Corral, Pedro I era un “euge penis” o dicho en román paladino un “picha brava.”  Tuvo varias esposas y una gran variedad de amantes y a la mayoría las mandó asesinar,

Desde luego fue una etapa en la que la sangre era la gran protagonista. Corral sabe construir perfectamente la progresión de la degeneración del rey, creando así una animadversión clara en el lector hacia esta figura tan odiosa.

Es muy interesante como el autor narra magníficamente y con todo lujo de detalles la famosa Guerra de los dos Pedros: Pedro I de Castilla y León y Pedro IV de Aragón. En ella, nuestra ciudad, Calatayud, tuvo mucho que ver debido a su posición fronteriza entre los dos reinos. 

La estructura de la línea cronológica es uniforme, sin saltos en el tiempo (no puede ser de otra manera, en este caso) y sí que he notado, al igual que en la anterior novela, (quizás sea una apreciación mía un tanto subjetiva) que estamos ante un Corral más sosegado en su prosa que le da , si cabe, más fluidez a la narración. Es muy posible que los personajes de las dos anteriores novelas (Batallador y El Conquistador) le abocasen a crear un ritmo más trepidante. También observo, a favor de esa prosa fluida y limpia, una disminución de fechas de acontecimientos.

En definitiva, estamos ante una nueva novela muy “corraliana” que hará las delicias de los lectores aficionados a la novela histórica.

 

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