CASTIGADO SIN DIBUJOS.

Autor: Julio José Ordovás.

Ed: Xordica                Ed: 1ª; año 2023.

 

“El territorio de los recuerdos está envuelto en la misma luz dudosa que el mundo de los sueños.”

 

Julio José Ordovás es un zaragozano, nacido en 1976, colaborador en distintos periódicos y revistas. Su primer libro lo escribió en 2004 bajo el título de “Días sin día” y fue publicado en la prestigiosa editorial aragonesa Xordica, al igual que “Castigado sin dibujos”, su última obra. Ha sido y es un explorador de la palabra, desde la poesía y narrativa hasta artículos de opinión.

Hoy nos presenta un libro breve (120 páginas), compuesto de 28 relatos cortos pero interrelacionados entre sí a través del mismo protagonista. Es una historia cotidiana contada dentro de esos breves capítulos.

La narrativa de Ordovás es siempre brillante, potente, deliciosa y que conmueve al lector. Partimos de hechos cotidianos en los que se funden la realidad con la ficción. Hechos y aventuras llenas de entrañabilidad que no dejan insensible al lector. Algunas veces, incluso, deja al descubierto un cierto sentido autobiográfico.

Todos estos relatos cortos se mueven en un reducido escenario como es Zaragoza y su entorno provincial.

El protagonista nos dará a conocer historias y hechos muy curiosos que no son más que el reflejo de su etapa adolescente. Nos evocará aquellos primeros años de democracia, con un Felipe González omnipotente. Recordará vagamente sus desplazamientos del pueblo a la capital, Zaragoza, de la mano de su padre. Éste le conducirá, tras las gestiones realizadas, por bares sórdidos y oscuros del casco viejo para tomarse dos o tres chatos de vino. Él observará. En una posterior estancia en Zaragoza, acomodado en casa de unos tíos para poder asistir a una academia de mecanografía, podrá observar el “Puente de los Gitanos” sobre el río Huerva. Nombre que toma por ser refugio durante muchos años, bajo sus arcos, de esta etnia. Su tío le dijo que, un día, andarían el recorrido de este río, desde su nacimiento hasta su muerte en el río Ebro. Su tío falleció antes y quedó pendiente aquella gesta, pero el protagonista la realizará precisamente en honor a su pariente.

Hablaba de situaciones y vivencias tan cotidianas como sentarte en un sofá de escay, de ver telenovelas, de resucitar aquella frase tan famosa entonces cuando comíamos carne: “se me hace bola”. Otra frase certera y al borde de la extinción, por el frenesí diario de hoy día, me parece deliciosa: “me aburro”.

El protagonista vive la ilusión de llegar a ser algún día detective. Así, con dos gorras de ciclista, se fabricará el famoso sombrero de Sherlock Holmes y hasta llegará a comprarse una lupa. Escruta e investiga por el mero hecho de ejercitarse para tan difícil profesión:

“En la puerta del granero pegué con cinta aislante, a falta de celo, un folio en el que se leía: Julio José Ordovás. Detective privado.”

Hay un relato, muy bello a la vez que descarnador: es el titulado “Viento seco”. Habla de los abuelos de Joan Manel Serrat, en Belchite. Habla de la maldita contienda civil y de sus descerebradas actuaciones: fusilaron a sus abuelos y a treinta parientes más.

Y este viento seco le hace reflexionar sobre si dedicarse o no a trabajar la tierra:

“Yo, como Serrat, no quería ser labrador. Arañar los campos subido a un tractor y lanzar súplicas y maldiciones al cielo, aferrado con uñas y dientes a cuatro palmos de tierra, con las manos y el corazón encallecidos, no era el sueño de mi vida.”

Habla también de las guerrillas juveniles. Aquellas contiendas que los de nuestra generación vivimos con particular avidez. En ellas siguen renaciendo las viejas rencillas de la Guerra Civil. Se echaban en cara, unos a otros, que sus abuelos fueron rojos o nacionales. La lástima es que las viejas heridas, aún hoy, en pleno 2023, de vez en cuando vuelven a supurar.

Los dibujos animados son los que articulan y dan sentido de vida a todos estos cuentos. De ahí el título. Hasta los nombres de los distintos personajes, nacidos mediante el dibujo, sirven para ponerse motes entre ellos.

Termina el libro con el relato “La charanga”. Un perfecto colofón de todas estas historias que le han precedido. Tras la música de una charanga recién llegada al pueblo, desfilarán y bailarán casi todos los personajes que han intervenido a lo largo de estas historias. Un final certero y maravilloso.

Tras la lectura de este entrañable libro, tengo la certeza de que estoy enamorado de la narrativa de Julio José Ordovás.

 

 

 

 

 

 

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